viernes, 11 de mayo de 2012

Los niños ya no juegan a los policías y ladrones, sino al secuestro




La gallinita de los huevos de oro/
Por Javier Ugalde/
La gallinita se quedó petrificada de espanto y horror cuando de los labios de un par de niños de tercero de primaria, escuchó que estaban jugando al “secuestro”…Si, al “secuestro”, donde ellos aparentemente eran los malandrines dedicados a privar de la libertad a un tercero, en este caso una niña de su propio grupo, que se resistía a jugar y ante ello, el par de chamacos se empeñaban más en tratar de obligarla a participar en semejante juego.
El asunto es serio, piensa la avecilla, porque habla de que todo ese asunto de la violencia, de la información que domina en los medios de comunicación, en los que se da preferencia a las notas de los crímenes provocados por los sicarios y las mafias, ha permeado ya en las mentes de los niños, que quizá ni tienen nada que ver sus padres o parientes con la actuación de los narcos y secuestradores, pero que ya les da los elementos suficientes como para ponerse a jugar al “secuestro”.
Una cosa así, supone la gallinita, debe prender los focos rojos y poner no sólo a las autoridades, sino a los mismísimos padres de familia y a los profesores, a ver qué es lo que ocurre con nuestros niños, valorar de qué forma estamos actuando y ello qué tanto permite que nuestros niños puedan estar expuestos a malformaciones mentales de este tipo.
Y es que una cosa es cierta: En este momento puede ser sólo un juego inocente, que no pase de ser una forma que estos niños han encontrado para entretenerse o hasta divertirse. Sin embargo, es algo que a la larga podrían llevar con mayor facilidad y naturalidad al terreno de lo real, de tal suerte que, en un ambiente en donde parece que la violencia de la delincuencia organizada no tiene freno ni fin, dar el salto a formar parte de ese mundillo, puede darse con mucha facilidad, casi de manera natural.
En el juego los niños reflejan lo que perciben del ambiente y de ahí generan deseos de lo que les gustaría ser y lo normal es aspirar a ser bombero, doctor, cantante, artista o futbolista. Ahora, parece que esas aspiraciones tienen otras formas que se han creado a partir de la información que hay en el ambiente, que puede venir no sólo de los medios de comunicación, sino también de sus propios padres o gente cercana, ya sea por estar ligada directamente con este tipo de actividades ilícitas o bien, por exponerse en exceso a este tipo de información.
Jugar al “secuestro” podría suponer que estos niños podrían admirar a quienes ejecutan tales ilícitos o sentir como natural el que se actúe de tal forma, por lo que no sería descabellado pensar que pudiera ya estar entre las posibilidades aspiracionales de algunos pequeños.
Es obvio que tanto las autoridades, las instituciones, los padres de familia y hasta los maestros, algo debemos estar haciendo mal, debido a que los niños se les ocurría jugar a los policías y ladrones, en donde lo normal era querer estar del lado de los “buenos”, los policías; pero no, ahora el juego es hacerle al secuestrador, con las implicaciones que ello tiene de sadismo, dada la forma como este tipo de malandrines tratan a sus rehenes, como los niños que dieron paso a este comentario de la gallinita, llamaron a la niña a la que pretendían sumar a su peculiar y preocupante juego.
La espiral de violencia que vive México, y de la cual Quintana Roo y Cancún no están exentas, estima la gallinita, se ha convertido ahora hasta en un “juego de niños”, lo cual es en serio un muy mal mensaje de lo que los mayores estamos dejando y heredando a nuestro pequeñines.
Pero, no pasa por alto la gallinita, los resultados ya los estamos cosechando, pues ahí ya están la creciente cantidad de adolescentes y hasta pubertos que ya engrosan las filas de las violentas pandillas o hasta las de los sicarios de las mafias, las cuales no sólo secuestran, sino que acribillan y cometen una amplia gama de fechorías criminales.
Tan sólo, concluye la avecilla, al revisar los partes policíacos de los que se han llegado a mencionar como jefes de bandas criminales peligrosas y sádicas, es sorprendente como dominan jovenzuelos de 20 ó 22 años. Si a esa edad ya son los jefes, significa que desde muy pequeños pasaron de jugar al “secuestro” a volverlo realidad, con quizá primero con “levantones” y de ahí a las atrocidades que a diario tiñen las calles de nuestro Cancún y México.

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